Pere Talrich en el segundo centenario de su nacimiento

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Tal vez se me pueda objetar que se trata de un poeta menor, tal vez que está muy alejado de nosotros en el tiempo y en el espacio, tal vez… quién sabe lo que algunos me puedan objetar; pero no me importa ya que para mí es suficiente un solo poema para justificar la vida y la obra de un poeta… y Pere Talric (o Talrich, como se firmaba él y como siguen reconociéndole los franceses) tiene, por lo menos ese poema antológico que justifica su vida y su obra como literato con méritos propios y suficientes.

Nació en Serrallonga (Alt Vallespir, el Rosselló, territorio antaño del medieval Reino de Mallorcas y hoy un departamento de la laica República Francesa) el 16 de enero de 1810. Estudió en su localidad natal y en Perpinyà y, después de luchar como voluntario a las órdenes del almirante Roussin en ayuda de la reina María II de Portugal y en contra del usurpador absolutista Miguel I, en 1831 emigró a París, donde trabajó en el diario “Le Siècle” y donde pasó el resto de su vida, con algunas escapadas, llenas de emotiva nostalgia, a su natal tierra rossellonesa. Fruto de su presencia combativa en Portugal es su drama “Vasconcellos”, escrito en francés, y de su añoranza por su tierra nativa sus dos obras “Souvenirs des Pyrénées” y “Records del Rosselló” (escrito originalmente “Recorts del Rosselló”). Y en estos “Records del Rosselló”, con ecos e influencias de Alphonse de Lamartine y del chansonnier Pierre Jean de Béranger, es donde, junto a otras composiciones, encontramos ese poema antológico del que estoy enamorado desde mi adolescencia y que, a mi modo de ver, le confiere una inolvidable y permanente presencia literaria entre los poetas de la Renaixença. Se trata del poema titulado “Vallespir”, matizado de un suave y delicado romanticismo elevado hasta la sublimidad. August Bover i Font, en su comunicación “Pere Talrich i els seus ‘Recorts del Rosselló”, en el Dotzè Col·loqui Internacional de Llengua i Literatura Catalanes, dice respecto a este poema: “Certament, la nostàlgia va amarar els versos de l’ancià poeta, que devia intuir la imposibilitat del seu retorn definitiu i que va saber plasmar aquest sentiment d’una manera corprenedora en el poema que clou els seus ‘Recorts” . Y, en este segundo centenario de su nacimiento, creo que se nos presenta una oportunidad única para evocarlo públicamente. Dice así:

VALLESPIR 
 
Vallespir,
dolç sospir,
quina alegria!
Mon cor somia
que un dia hauré per darrer llit
quatre lloses del teu granit.
Si em nega Déu eixa esperança,
si sota un altre cel de França
mon jorn suprem ha de venir,
de mi conserva est sovenir:
no moriré pas de vellesa,
ai no!, moriré de tristesa,
Vallespir,
dolç sospir!

Como apostilla Jaume Bofill i Ferro en la magnífica antología conjunta con Antoni Comas “Un segle de poesia catalana, encontramos en él “un cordial romanticisme lamartinià que s’exalta en la tendresa pel ‘dolç Vallespir’, amb una sincera bondat i una simplicitat commovedora. Aquests poetes vernaculars del Midi passen pel món tan estructurat i fixat de la vida francesa com a misteriosos dipositaris d’un talismà de jovenesa i frescor eternes”.

Pere Talrich murió en París el 28 de febrero de 1889. Su memoria poética sobrevive en el Rosselló y en las regiones hemanas del Rossellón, pero, como él se temía, su cuerpo descansa “sota un altre cel de França”.

Llorenç Vidal

(Mirador Intercultural, Mallorca, 10 de enero de 2009)

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Llorenç Vidal: Artículos literarios, filosóficos y pedagógicos

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