Llorenç Vidal: Pedagogía y Educación en y para la No-violencia y la Paz

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Selección de textos de las obras básicas “FUNDAMENTACIÓN DE UNA PEDAGOGÍA DE LA NO-VIOLENCIA Y LA PAZ” y “NO-VIOLENCIA Y ESCUELA”

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“La no-violencia es una meta hacia la cual tiende, aunque sin saberlo, la humanidad entera (M. Gandhi)
“Cuando un hombre no camina al mismo ritmo que sus compañeros, puede ser debido a que oye un tambor distinto. Que ande al son de su música, por distinta y lejana que sea su cadencia” (H.D. Thoreau)
“Los niños tienen  que vivir en un mundo libre de la amenaza del hambre y de la miseria” (Dominique Pire)

RESUMEN Y CONCLUSIONES

Hemos llegado al final de este estudio sistemático-histórico de concepciones, ideales, actitudes, ensayos e iniciativas no-violentas y pacificadoras con irradiación educativa. Aunque su evolución temporal no es uniforme, podemos observar, a grandes rasgos, y a pesar de algunos estancamientos y regresiones, un avance y un enriquecimiento progresivos, que, vistos en su conjunto, forman la base en la que se cimienta la actual pedagogía de la no-violencia y de la paz. Los momentos y aspectos culminantes de esta evolución pueden esquemáticamente sintetizarse en los siguientes apartados:

1º. El primer testimonio histórico de la no-violencia como valor educativo lo encontramos en el antiguo Oriente, donde nace en calidad de una paideia religiosa. Los “Upanishads”, donde se encuentran las bases fundamentales del pensamiento hindú, habían colocado la verdad en el centro de la especulación filosófica. En el siglo VI a. de J.C., Mahavira, fundador del Jainismo, relega el concepto metafísico de verdad a un segundo término y entroniza el principio práctico del ahimsa (no-violencia) como el primer deber moral y el máximo valor educativo del hombre. Aunque en su origen se trata de un precepto negativo, una renuncia a la voluntad de matar y de dañar con el fin de mantenerse incontaminado del mal, renuncia que es interpretada por Albert Schweitzer como una expresión ética de la negación del mundo, se trata de una notable aportación educativa en un momento en el que el pensamiento filosófico de Occidente no había elaborado todavía ningún concepto parecido en el campo de la educación.

2º. A partir de este momento, nuevas concepciones y nuevas corrientes asimilarán la idea, la reelaborarán y la enriquecerán con nuevos dinamismos y más amplias dimensiones. Así, Buda (siglo V a. de J.C.) reinterpreta el concepto y lo dota de una dimensión ética y educativa original al vitalizarlo por medio de la incorporación del sentimiento de piedad hacia todos los seres, formando entre los dos conceptos  -ahimsa y piedad-  una unidad indestructible. Más tarde, en la misma India, la mística de la Bhakti, fundamentada en el “Bhagavad-Gita”, vigorizará la aplicación del ahimsa al concebirlo como fruto del amor-devoción a Bhagavad (el divino Señor), eliminando la compasión pusilánime, cantando la espiritualidad de la vida activa por el cumplimiento del propio deber, asociando la consecución de la paz interior a la sabiduría y asimilando al hombre pacífico con el sabio, en el que centra el ideal de toda educación.

3º. Marginalmente al proceso evolutivo de la educación no-violenta en la India, se desarrolla en China, alrededor del siglo V a. de J.C., un movimiento educativo marcadamente pacifista, representado por los voceros chinos de la paz y por los grandes pensadores Lao-Tse, Kung-Tse, Mö-Tse, Mit-Tse, Tchuang-Tse, el autor anónimo del “Libro de las acciones y retribuciones”, etc., los cuales encarnan una tendencia que condena la violencia, identifica la acción pacífica del hombre con la acción pacífica del cielo y predica el amor activo hacia todos los seres, como directrices generales de su educación.

4º. Con independencia de estas corrientes religioso-filosófico-educativas del Lejano Oriente, encontramos en el mundo mediterráneo precristiano y dentro de un marco general de belicismo y violencia política, tres amplios círculos ideológicos de ligera irradiación educativa pacificadora: el profetismo hebraico que culmina en la previsión del Mesías como Príncipe de la Paz; el tímido pacifismo filosófico greco-romano, y el universalismo estoico, predicador de la ciudadanía universal.

5º. Aunque no puede hablarse de una confluencia histórico-cultural, sí de alguna manera cabe suponer una convergencia espiritual que escapa a nuestra mentalidad a veces excesivamente racionalista. Y la suposición de esta convergencia espiritual es lo que nos permite ver en Jesucristo  -en anunciado Príncipe de la Paz-  la culminación de un proceso no solamente judío, sino universal, de carácter pacificador dotado de extraordinarias derivaciones educativas, a la vez que su actitud existencial nos lo descubre como el paradigma vivo de no-violencia y su enseñanza nos lo presenta como el vivificador del concepto de no-violencia (mansedumbre en el Evangelio) como fruto del amor-caridad en acción. Toda la generación cristiana apostólica y patrística anterior a Constantino vibrará la compás del más puro pacifismo educativo evangélico.

6º. La Edad Media representa un estancamiento de esta evolución en las esferas más amplias de la Cristiandad, que, después del Edicto de Milán, inicia un intento de conciliación de la violencia con el Evangelio. Sobrevive, no obstante, en círculos minoritarios fieles al pacifismo cristiano primitivo (agustinismo, catarismo, valdesía, franciscanismo, universalismo luliano, etc.). La aparición del Islam aporta, en su forma originaria y espiritual, la idea de una educación del espíritu pacífico basada en la hermandad y en el tolerantismo racial y religioso, y, a pesar de su encuentro belicoso con la Cristiandad, su influencia despertará en la Europa Medieval inquietudes de educación y convivencia pacífica interreligiosa, como, por ejemplo, vemos en la concepción de la Ciudad civil internacional de Anselm Turmeda.

7º. En la época renacentista y barroca, además de las concepciones de la Ciudad de Dios  -Dante, Nicolás de Cusa, Campanella, Tomás Moro, etc.-  como sueños utópicos y mágicos de paz, el pacifismo educativo neocristiano de Erasmo de Rotterdam y de Juan Luis Vives, así como el pacifismo religioso reformista, entre otros grupos, de los cuáqueros, replantean en Europa la exigencia moral de la renuncia a la violencia y de la entronización del pacifismo cristiano primitivo en el corazón de la educación cristiana occidental. La colonización no-violenta de Pennsylvania y la creación del “Servicio de protección de los indios” del Brasil representan dos experiencias civiles de educación no-violenta para adultos. En el siglo XIX el universalismo religioso bahá’í y el pacifismo educativo tolstoyano, vinculado al naturalismo de Rousseau y de Pestalozzi y al idealismo pedagógico de Froebel, anuncian la llegada de una nueva época de educación pacificadora.

8º. Precedido por una profunda renovación del clima espiritual de la India, cuyos puntos culminantes son Ram Mohan Roy, Devendranath y Rabindranath Tagore, Keshab Chandra Sen, Ramakishna y Vivekananda, aparece a finales del siglo XIX y principios del XX la figura de M. K. Gandhi, el cual, siguiendo la tradición de su patria y enriquecido por la asimilación del mensaje no-violento del Sermón de la Montaña, sintetiza todas las tendencias anteriores y contemporáneas y nos ofrece una reelaboración actualizada del concepto de ahimsa, que vincula al de satyagraha o firmeza en la verdad, y descubre las grandes posibilidades de la no-violencia como procedimiento de reivindicación social y como método de educación religioso-moral-pacificadora.

9º. El movimiento de la Educación Nueva, entre otras características concurrentes, aparece marcado por un matiz fuertemente internacionalista, lo que le dota de muchas posibilidades educativas pro-paz. Deseoso de una fundamentación psicológica científica, Pierre Bovet, a partir de las teorías de William James, Freud y Adler sobre las fuerzas instintivas del hombre, inicia el estudio del instinto de lucha en el niño, sus formas de evolución (canalización, complicación, objetivación, subjetivación, desviación, platonización y sublimación) y su posible superación. Numerosos educadores (Tolstoi, M. K. Gandhi, Rabindranath Tagore, Paulus Geheb, María Montessori, Célestin Freinet, etc.), dejando aparte las discusiones teóricas sobre la relativa licitud de la guerra y de la violencia defensiva, encaminan su labor educativa, por medio de distintos procedimientos, hacia la consecución de ideales de fraternidad, solidaridad, convivencia, desarme moral y pacificación interior, a la vez que en numerosas conferencias y reuniones internacionales se estudian comparativamente iniciativas y sugerencias, y, entre todos, se sientan progresivamente las bases de una nueva pedagogía de acentuado carácter pacifista.

10º. En el momento actual, y como consecuencia de su evolución histórica, la pedagogía de la no-violencia y la paz se nos presenta, no como una rama autónoma de la pedagogía, sino como una inspiración ideal que aspira a informar todo el quehacer educativo de la humanidad y que, en su aspecto teórico, se integra en la pedagogía general como un capítulo fundamental de la misma y en estrecha relación e interdependencia con la educación religiosa, moral y social.

11º. Hemos de remarcar que la pedagogía de la paz no puede desvincularse de la pedagogía de la no-violencia, ya que ésta, en calidad de instinto de lucha platonizado y sublimado, es decir, transformado por el amor y como acción pacificadora del hombre, es el método específico que debe animar todas las actividades que tiendan a la consecución de la primera. Así pues, mientras la pedagogía de la paz se dibuja como una finalidad, la pedagogía de la no-violencia se diseña como una metódica que debe unificar todos los procedimientos concretos  -preventivos, lúdicos, de cooperación social, de comprensión internacional, de instrucción educativa y de sugestión interior-  y todos los sistemas conducentes a lograr los objetivos de esta nueva educación: a) creación de una conciencia pacífica, que presupone el desarme de los corazones; b) habituación no-violenta y pacificadora, basada en la evolución progresiva del instinto luchador, y c) responsabilización del hombre y de la sociedad en la obra de la fraternidad humana, la no-violencia y la paz,

y 12º. Para terminar diremos que la pedagogía de la no-violencia y la paz  -que en cuanto principio general sobrepasa el alcance de todos los sistemas pedagógicos concretos que en ella hasta ahora se han inspirado-  puede ser en nuestra época un factor educativo primordial para la preparación de una sociedad futura en la que se supriman o  -evitando la tentación de la utopía-  se aminoren al máximo los odios, las violencias y las guerras entre los hombres y entre los pueblos, y en la que reinen, cada día más, la fraternidad, la no-violencia y la paz. Privar de ella a los educandos, invocando una actitud de escepticismo pacifista o pedagógico o en nombre de cualquier teoría más o menos belicista, nacionalista o imperialista, en un fraude a la convivencia actual y venidera de la humanidad.

Llorenç Vidal: “Fundamentación de una Pedagogía de la No-violencia y la Paz”, págs. 173-177,  Edit. Marfil, Alcoy, 1971

En el marco de las Ciencias de la Educación, la Pedagogía de la No-violencia y la Paz se define por una aspiración general, unos objetivos, una metodología y unas realizaciones concretas.

Su aspiración general es incluir entre los objetivos fundamentales de la educación  -en todos sus niveles y modalidades-  el desarrollo del espíritu a amor universal, no-violencia y paz, con el propósito de contribuir a la formación integral del educando y procurar un mundo más fraterno, menos violento y más pacífico.

Sus objetivos básicos, derivados de la aspiración general, pueden sintetizarse en las tres tareas siguientes:

1. Conscienciación, es decir, despertar y desenvolver una conciencia humana fraternal, no-violenta y pacífica, que presupone el descubrimiento y la conquista progresiva de la paz interior, el desarme de los corazones y la creación de un sentimiento profundo de hermandad universal.

2. Ejercitación no-violenta y pacificadora, basada en la humanización progresiva del instinto luchador por obra del amor, ejercitación que debe conducir al desarrollo de hábitos, destrezas y actitudes.

3. Responsabilización del hombre y de la sociedad en la obra individual y colectiva de la pacificación interior, del respeto activo y reverencial por todas las formas de vida y por los derechos y deberes humanos, así como la instauración de una verdadera paz por medio de la no-violencia. 

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El Día Escolar de la No-violencia y la Paz  -que en nuestra desquiciada sociedad actual tiene una misión eminentemente anunciadora, profética e idealista-práctica apoyada en la esperanza en la posibilidad de un mundo mejor-  es, desde 1964, una antorcha viva en la cual, consciente o inconscientemente, han encendido y encienden su llama numerosas acciones, grupos y movimientos de Educación Pacificadora. No podemos predecir con exactitud lo que será de él en el futuro, al igual que en los inicios de los años sesenta nadie podía imaginar su nacimiento ni la positiva atmósfera educativa que, en torno al mismo, se ha creado.

Dice una sentencia oriental, una sentencia que es una bellísima alegoría de la fuctificación interior del hombre: “Siembra un pensamiento y recogerás un anhelo; siembra un anhelo y cosecharás un hecho; siembra un hecho y lograrás un hábito; siembra un hábito y formarás un carácter; siembra un carácter y recogerás un destino”.

Para aquellos que demuestren una especial sensibilidad para su mensaje básico, que tengan una actitud positiva para hacerlo vida de su vida y que deseen desarrollar más intensamente sus propias potencialidades internas, el DENIP ofrece este mensaje profundo:

“Busca tu Luz interior y desarrolla la Bondad de corazón hacia todos los seres (es decir, el espíritu de Amor universal, No-violencia y Paz), como fuerza de tu vida: de todos tus pensamientos, de todas tus palabras y de todas tus acciones”.

La misión del educador en este campo es muy importante y muy modesta a la vez, ya que consiste simplemente en señalar a sus discípulos los caminos que conducen al Amor universal, a la No-violencia y a la Paz; conscienciarlos, ejercitarlos y responsabilizarlos en esta tarea, pero dejándolos siempre en libertad para el autodescubrimiento interior de este mensaje y para que cada uno  -en un horizonte ilimitado-  lo viva según su estilo personal de vida y con un respeto y una tolerancia absolutos hacia los demás.

Algunos pueden pensar que es difícil, que la fuerza del DENIP es mínima y que son muchos los obstáculos… Sin duda, el ideal es elevado, como elevados son todos los ideales que pueden mejorar de veras a la Humanidad; pero no olvidemos la parábola evangélica del grano de mostaza, que “es la más pequeña de todas las semillas, pero, cuando ha crecido, resulta más alta que las hortalizas y se hace un árbol, de forma que las aves del cielo se posan en sus ramas” (Mt., 13:31-32).

Si a pesar de su horizonte ilimitado, algún año, al llegar el 30 de enero, el Día Escolar de la No-violencia y la Paz  -este pequeño destello de la Llama Universal-, después de haber cumplido total o parcialmente con su misión de promover una Educación Pacificadora de carácter universal, abierto, profundo y permanente, deja de iluminar nuestras escuelas, resuenen en nuestra memoria aquellas palabras de Rabindranath Tagore en sus Alocuciones en Shanti-Niketan:

“Ninguna llama arde eternamente. O el aceite se consume o el viento apaga su luz. Muchas veces, también, la lámpara se rompe.

“Con frecuencia, en un arranque de rebeldía podemos decir que la fuerza de las tinieblas es la última y verdadera fuerza, o que nosotros mismos, porque encendemos lámparas, somos los creadores de la luz. Pero, en realidad, apagar una luz sirve únicamente para demostrar que la fuente de la luz es inagotable y que el verdadero poder de los hombres consiste en su aptitud para poderlo demostrar siempre nuevamente”.

Llorenç Vidal: “No-violencia y Escuela. El ‘Día Escolar de la No-violencia y la Paz’ como experiencia práctica de Educación Pacificadora”, págs. 10-11 y 137-139,  Edit. Escuela Española, Madrid, 1985

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